sábado, 6 de agosto de 2016

Intuición

Leyendo el ensayo de Maria Konnikova, ¿Cómo pensar como Sherlock Holmes? me he topado con un capítulo titulado "El desván del cerebro: Qué es y qué contiene". Bajo el epígrafe "Activar la pasividad del cerebro", la autora cuenta una anécdota que ilustra lo difícil que es librarse de prejuicios, ideas subjetivas o primeras impresiones...

Comenta que hace tiempo ayudó a organizar congresos sobre un modelo global para Naciones Unidas. Cada año, visitaban una cuidad diferente, invitando a estudiantes a participar en una simulación. La labor de Konnikova, entre otras cosas, implicaba entregar premios a los mejores estudiantes, los que mejor hubiesen realizado sus exposiciones. La labor, en teoría, era sencilla.
El primer año se fijó en que los estudiantes de Oxford y Cambridge recibían más premios que los demás y se preguntó por qué; así que, al año siguiente, decidió descubrir por qué, tomando nota de cada detalle.
Esto la llevo a ver que sentía especial inclinación hacia estudiantes con acento británico. Descubrió así que ese acento despertaba en ella algún tipo de simpatía o estereotipo que les hacía jugar con ventaja. Aun a pesar del descubrimiento, y de esforzarse por tenerlo presente y luchar contra él, Maria sentía que le costaba librarse de ese impulso.
Al final, después de esa investigación y de esforzarse por centrarse solo en sus notas sobre las ponencias, procuró crear un juicio imparcial. Aun así, después de otorgar los galardones a ponentes y de estar plenamente segura de haber obrado con justicia, sentía en su interior que no había hecho lo correcto al no premiar a estudiantes no británicos.
La conclusión: la intuición puede ser muy poderosa, pero ¿es exacta? ¿Es bueno dejarse llevar por la intuición?

Coloquialmente, y ahora soy yo el que habla, está muy extendida la idea de que la intuición es algo abstracto y universal, igual para todos. A veces, incluso como una fuerza mística ajena a nosotros a la que debemos seguir ciegamente.
Pero ¿cómo se forma nuestra intuición? ¿De dónde parte? Tomemos por caso la conciencia. Sí es cierto que se trata de una brújula interna que todos llevamos dentro por naturaleza. Sin embargo, la crianza y la educación que recibimos de otros, la influencia de las conciencias de quienes nos rodean, las enseñanzas morales que recibimos, las experiencias que vivimos y las circunstancias en que nos ha tocado vivir pueden modearla de un modo u otro; a veces llevando a la gente a hacer cosas moralmente reprobables por la mayoría o incluso penadas por cualquier tribunal de la Tierra. Y, a pesar de todo, no podemos negar que esas personas, aun a pesar de comportarse como monstruos, están obrando según su conciencia. Eso sí, conciencia embotada o mal dirigida.
¿Acaso no suceda lo mismo con la intuición? ¿Qué nos lleva a formar la intuición tal y como la albergamos en nuestro interior? ¿Acaso no son los mismos factores que moldean la conciencia: crianza, educación, experiencias, circunstancias...? ¿En qué casos, pues, debemos dejarnos llevar por ella?

Maria Konnikova deja bien claro en su ejemplo que, incluso tras analizarla y rechazarla, sigue siendo un poderoso factor contra el que luchar a la hora de decidir. Es por ello que en incontables ocasiones sentimos que el resultado de tal o cual concurso, convocatoria, competición... no es justo. 
En mi caso, he sentido lo mismo trabajando de jurado en convocatorias de relato o selecciones de textos para editoriales. A la hora de entregar premios, es difícil abstraerse sin dejarse llevar por decisiones subjetivas. Aun cuando ni se conocen las identidades de los autores y permanecen en plicas cerradas, puede haber una gran cantidad de factores que nos hagan sentir a priori mayor o menor simpatía por uno u otro relato: el formato del texto, la fuente utilizada, modismos empleamos en el relato, experiencias previas relacionadas con cuestiones relatadas en los textos...

Hablando de cuestiones tan subjetivas como una entrega de premios a obras de arte, entretenimiento, etc. ¿qué es justo?

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